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Aldo nos presenta a su abuelo Juan inv
 
 
mi abuelo Juan

mi abuelo Juan, antes Eduardo.

foto casamiento

La clásica foto de la fiesta de casamiento de aquellos tiempos (1929).
Sentados en el centro, los que serían mis padres, a la izquierda mis abuelos maternos y a la derecha los paternos.

 



Un cariñoso recuerdo de mi abuelo

Allá,  por la segunda mitad del siglo XIX, la familia Picasso (mis bisabuelos y su hijo Juan),  cambiaron su Génova natal por la ciudad de Buenos Aires. Y aquí se establecieron. Trabajaron y agrandaron la familia con otros dos hijos,  Eduardo y Sofía.

A principios del siglo pasado falleció Juan. Era una época con rumores de conflictos armados con Chile y se había establecido el  servicio militar obligatorio. Eso decidió a su padre  anotar  como muerto a Eduardo, por lo que  mi abuelo, desde ese momento,  pasó a llamarse Juan y tener nacionalidad italiana.

Parece que el nuevo Juan se entusiasmó con las ideas socialistas. Pero se casó con una Poretti católica que quería tener, en la cabecera de la cama, un cuadro con la virgen.

No conozco las alternativas  del entredicho conyugal.  Pero parece que se terminó acordando colocar un cuadro con la virgen María, que en la parte de atrás tuviera el  retrato de don Alfredo Palacios.

Prácticamente no conocí a mi abuela,   murió cuando yo tenía  un año. Pero de mi abuelo tengo recuerdos nítidos. Bajito, con unos kilos demás, bigotes de época, barba entrecana y ya escaso cabello blanco, pantalón oscuro, gruesa camisa, en invierno echarpe, alpargatas,  la infaltable faja negra alrededor de la cintura y fumando un Avanti. 

Su casa tenía un gran terreno en la calle Acevedo, barrio de Villa Crespo, que dejaba casi 40 metros como fondo. Era el típico fondo de muchas familias de inmigrantes que, en sus países aprendieron a trabajar duro y querer la tierra. Una quinta con verduras, tomates, ajíes y ajos, un gran gallinero que, además tenía conejos, un tero, una gallareta, y hasta alguna vez hubo un mono que desapareció por atentar al pudor.

No faltaban naranjos, higueras (de higos negros y de España) abajo de las cuales se comía en verano, un árbol de moras, un laurel y un horno de barro.

Adoraba sus plantas y sus animales. Era cariñoso con sus nietos,aunque mi primo Elmo lo tenía a mal traer con sus bromas. Pocas cosas  le gustaban más que un plato, muy bien servido,  de acelga por él cortada o tallarines.

Recuerdo que un mediodía de invierno, en nuestra casa de la calle Triunvirato, después de almorzar  el abuelo Juan “siesteaba” al sol , en una mecedora de mimbre muy común de la época. Y Elmo, siempre mi primo Elmo, se acercó sigilosamente, le pegó una calcomanía en la "pelada" y salió corriendo. Así mi abuelo, que nunca conoció Mar del Plata, tuvo la imagen del Casino en su cabeza

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